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domingo, 8 de enero de 2012

SIETE PECADOS CAPITALES DEL ACTUAL SISTEMA EDUCATIVO

Desde hace tiempo, muchos profesores de instituto, en público y en privado, nos hemos
quejado ante el deterioro progresivo que el actual sistema educativo ha provocado en la
enseñanza Secundaria. Aunque los tímidos propósitos reformistas del nuevo gobierno no
inviten a hacerse demasiadas ilusiones, parece oportuno ensayar una síntesis de nuestros
mayores males y proponer puntuales medidas paliativas.
1º) La comprensividad: Agrupando en las mismas aulas a alumnos con distinta capacidad,
competencia y motivación sólo se consigue fomentar la frustración de los peores y obstaculizar
el progreso de los mejores. La atención a la diversidad en semejantes condiciones es una
estafa. Los profesores no tienen el don de la ubicuidad. No pueden
atender particularmente a unos sin descuidar a los demás .
Establecer itinerarios en Secundaria y desterrar la promoción por edad no es una opción
política, sino una necesidad de cualquier sistema que pretenda eficacia y justicia.
2º) El paternalismo: La condescendencia sistemática ante los “chavales” sóo consigue
perpetuar su irresponsabilidad y su inmadurez. Los institutos nunca podrá ofrecer a los
adolescentes el amparo que no les ofrezcan sus familias. En todo caso, la oportunidad de
superar con el propio esfuerzo sus circunstancias. Que los criterios de promoció y titulació se
ajusten a principios de exigencia rigurosos no es insolidario. Lo insolidario
es regalar tíulos sin ningú valor, pues malogra las posibilidades de quienes sóo cuentan con
sus capacidades para mejorar su situació
.
3º La impunidad: Tolerar la indisciplina, camufládola bajo eufemismos, renunciando a tomar
medidas efectivas para atajarla, atenta derechos fundamentales de los alumnos y boicotea la
labor de los profesores. La integració en un centro educativo exige el respeto a unas normas
cuyo incumplimiento tiene que producir consecuencias adversas para los infractores. No se
trata de criminalizar a los adolescentes disruptivos sino de preservar, con los recursos
disponibles, el derecho a aprender de los demá. La autoridad en el ejercicio de la profesió
docente deberí contar con el reconocimiento unáime de la sociedad. Es
absurdo pretender que en los institutos se custodie a jóenes con problemas severos de
conducta
. Mejor atendidos estarín en centros especializados.
4º) El pedagogismo: Justificar la falta de esfuerzo e interés de ciertos alumnos por la presunta
incompetencia de sus profesores es una frivolidad propia de quienes confunden la pedagogía
con sus prejuicios ideológicos. No hay receta metodológica universal. En la enseñanza
intervienen múltiples factores personales y sociales irreductibles a análisis teóricos objetivos,
de ahí que la experiencia en el aula resulte por lo general más instructiva que cualquier lectura.
Es una obscenidad atribuir el fracaso del actual sistema educativo a la
escasa formación pedagógica de los profesores . Debería reconsiderarse el
papel de los orientadores psicopedagogos en los institutos. Su contribución a la causa común
mejoraría considerablemente si pasaran más tiempo en las aulas y menos en los despachos.
5º) El esnobismo tecnológico: Convertir a las nuevas tecnologías en las protagonistas
indiscutibles de la enseñanza Secundaria es una confusión intolerable de fines y medios. La
pantalla del portátil no aporta nada a la agudeza de un razonamiento, la exactitud de un
cálculo, o la belleza de una metáfora, a no ser distracción. Ahora
está todo en Internet, como antes estaba en las bibliotecas, pero mal nos hubiera ido si en
nuestros años de instituto, en lugar de dedicarnos a asimilar el contenido de los libros, nos
hubiéramos ocupado sólo de aprender a buscar en índices y ficheros
. La Secundaria tiene que llevar al alumno más allá de lo puramente instrumental. Ordenadores
donde y cuando sean necesarios. Más enseñanza de verdad y menos Andalucía imparable.
6º) El provincianismo: Si en cada Comunidad Autónoma, en cada barriada, en cada centro,
impartimos una enseñanza diferente nuestros certificados de estudios acabarán no significando
nada. Por otra parte, más allá de la Primaria, empeñarse en adaptar los contenidos curriculares
al contexto sociocultural, lejos de facilitar el acceso de todos al conocimiento, alimenta las
desigualdades, el etnocentrismo y la ignorancia. La educación Secundaria
no puede limitarse a lo elemental para desenvolverse en el entorno más cercano, tiene que
abrir puertas que permitan salir de él
. Urge pues el establecimiento de unos estándares comunes para el conjunto del Estado,
acompañados de mecanismos de control, tales como exámenes de reválida al final de cada
etapa.
7º) La burocracia: Someter la práctica docente al rigor del procedimiento administrativo
desvirtúa la responsabilidad de enseñar y consume energías que al profesor no le sobran. Dar
clase es una tarea singular que no se deja ponderar con los parámetros comunes a otras
profesiones. Comprometiendo la libertad de cátedra, poniendo bajo sospecha
a los docentes y agobiándolos con mil papeles sólo conseguirá castrar la enseñanza
. El único mecanismo verdaderamente eficaz de control consiste en la selección del
profesorado: oposiciones exigentes y rigurosas para los distintos niveles y especialidades. Y
por supuesto, que el acceso a la inspección educativa deje de estar sujeto a designación
política y responda a criterios estrictamente profesionales.

Escrito por Enrique Fernández - Presidente de [Piensa-Volens]
Viernes, 06 de Enero de 2012 00:26

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